La Corte

Un rayo cayendo destruye materia y dimensiones, grabando una grieta que surca sus emociones.

Un golpe seco y sordo libera una toxina que erosiona los vientos y extingue la vida.

(Necrofagia en el estado de la perdición, su masticación canibalesca tocando una canción.)

Sin poder distinguir la luz del sonido, la locura lo ahorca con su falso aullido.

El suelo y horizonte eclipsándose mutuamente, encarnando opiniones igual de diferentes.

Intentando separar el cielo del espacio, el Paraíso se derrumba en su mente despacio.

La Entidad mórfica contamina las venas, los necios se mutilan para liberar sus cadenas.

Y la Luna proyecta con sus lenguas sedientas, dos corrientes fálicas que segregan menta.

Porque al final del pasillo no hay punto de fuga, solo baila la carnicería de la deforme oruga.

Representando pesadillas y aberraciones nostálgicas, la esfera implosiona una putrefacción romántica.

Sin lugar físico o espitirual que aborte este infierno lisérgico que brinda La Corte.